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Papá… ¿En qué trabajas?

Hay preguntas que son difíciles. Otras que son fáciles pero sólo admiten respuestas complicadas. Otras te dejan helado, directamente. No se sabe si es más difícil que lo entienda un chaval de siete años o que sea capaz de explicárselo a sus compañeros o a su profesora.

Para responder a esto, tuve que hacer un poco de historia. Lo difícil, si lo explicas en forma de cuento, es más llevadero. Aunque el resultado sea el mismo (que nadie se entere) por lo menos entretiene.

Hubo una época, en el pasado (cuando la TV era en blanco y negro, por ejemplo) en el que las empresas fabricaban cosas. En ellas trabajaba mucha gente que hacía lo que les mandaban para que la máquina no se parara. Por el otro lado de la fábrica salían esas cosas empaquetadas. ¿Para qué? Pues para venderlas, por supuesto. Sólo hacía falta que la gente las comprara.

Como se puede entender, la gente que compraba no esperaba en esa puerta de salida de la fábrica. Esas cosas se distribuían hasta los sitios en los pudieran comprarlas: los estantes de las tiendas. Y para que esa gente no se confundiera comprando, porque ya no estaba la gente de la fábrica allí para decir este no y este sí; los que mandaban utilizaban un invento muy viejo que se llamaba “publicidad”… sí, esos anuncios que te cortan el programa que estás viendo para que vayas al baño.

Pero esa publicidad era cada vez más cara y la gente tenía cada vez más ganas (de ir al baño) así que los que mandaban en la fábrica decidieron inventar otras maneras para que los que iban al baño cuando salía su anuncio tampoco se confundieran frente al estante de la tienda.

Como la publicidad es (más o menos) pagar por salir en los medios de comunicación: periódicos, revistas, televisiones, radios, etc.; cada uno con su público y cada uno con su estilo, hubo que inventar maneras de salir sin pagar. Fue cuando nacieron los “gabinetes de prensa”. Estos eran los encargados de que a esos medios no les faltase qué poner cuando querían hablar de algo en lo que esa empresa quería convertirse en referencia. Es ese tipo de relación “proactiva” (aquello de “asumir la responsabilidad de hecer que las cosas sucedan”).

Con el tiempo, apareció una cosa llamada internet que jugaba a ser todo y nada a la vez. Prometía integrar todos esos medios en uno y, además, respetar la individualidad de cada uno. Ahí es nada… que es lo que fue.

A través de internet, los “Gabinetes de Prensa” no sólo gestionaban los contenidos que publicaba la prensa, sino que podían convertirse ellos mismos en “editores”; es decir: generar contenidos y compartirlos con el público de manera directa; sin esperar a que ese público al que se quisiera llegar se agrupase en torno a auna publicación periódica en concreto; gestionada por otro que viniese a venderle o alquilarle espacio para publicidad.

El problema que tienen los Gabinetes de Prensa es que siempre se han visto como “exclusivos” de la gran empresa. Y puede que lo sean. No hay más de 200 consultoras en España que digan que hacen lo mismo que digo que hago yo… y se sacan los ojos unas a otras para llegar a esos 1.000 clientes de referencia que dicen ser “Grandes Empresas”.

Sin embargo, si se analiza el funcionamiento de internet de una manera seria y responsable (y no como sustituto de herramientas que ya existían en la época de nuestros abuelos), sobre todo el nuevo internet social (o 2.0 o como se le quiera llamar); podemos ver que la web sería una buena manera para que las empresas más pequeñas puedan disponer de canales de comunicación en este sentido. No es ninguna novedad que las grandes firmas, sobre todo las de los productos más tradicionales, están desconfiando de los nuevos medios a la hora de programar su presencia, su promoción y gestionar su reputación; porque no sólo trae problemas sino que es francamente difícil “ver” el retorno de esa inversión.

No lo es tanto para las pequeñas tiendas y profesionales, porque se puede utilizar este tipo de estrategias para crear y gestionar una red a través de medios que presumen de ser gratuitos y, por intuitivos, bastante fáciles de utilizar.

Falta, eso sí, la labor pedagógica de explicar cómo una buena foto, un vídeo correctamente grabado y bien editado, un texto bien redactado, una infografía con una adecuada capacidad de comunicar… un buen diseño, robusto, unitario y que respete la independencia de cada medio y cada canal. La inversión tiene que venir, sí o sí por el lado de la generación de los contenidos.

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Soy José Enrique Santos, Socio Fundador de artabria comunicación y responsable de este blog.

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Para que le conozcáis un poquito mejor, Jose es un aventurero al que le encanta recorrer Galicia en su autocaravana. Además, muchos de los coworkers ya hemos disfrutado de ella para escaparnos algún fin de semana que otro ¡y nos encanta! Pero como no todo en esta vida es ocio, Jose también está al frente de dos innovadores proyectos que crecen día a día gracias a su labor. ¿Queréis saber más?